miércoles, 6 de abril de 2011

Ella...

¡Oh estrella lejana
que enciendes mi carne!
Tan lejos, pero me quemas.
 Tus guirnaldas de fuego
rodean mis pensamientos
 
¡Oh suave brisa
que encierras el poder de la tormenta!
Trajiste las nubes de la duda,
y la dulce lujuria
hasta mi yermo ser.


¡Oh espina envenenada,
que punzas mi corazón!
Tu dulce ponzoña me hiere.
 Agonía eterna tu me ofreces,
y gustoso he de aceptarla.
 
Dulce caricia del alba,
que me alejas del refugio nocturno.
Ojos de bosque,
cuya vida es la muerte mía.


Siempre a la expectativa,
esperando una señal.
Sutiles indicios evanescentes.
Huellas en la ventisca

No hay comentarios: