Otro día,
Entre los gimientes condenados.
Han pasado largas edades ya,
Desde que probé tu dulce vino.
Mi copa yace vacía,
Añorando tus manos,
Añorando tus labios.
El tiempo que paso sin verte,
Es un duro calvario,
En el que el hierro y el acero de la forja
Se funden en mis venas.
Mis ojos, contigo,
Brillantes como el fuego de las fraguas,
Ahora, mi amor,
Opacos como el hollín.
viernes, 12 de diciembre de 2008
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