viernes, 12 de diciembre de 2008

V

Encerrado en un desordenado cuarto,
Donde la luz no penetra,
El caballero entristecido,
Llora el borde de la demencia.

Aposto su corazón
A un sueño absurdo,
A un amor que nunca seria.

Por su infortunado amor,
Él luchó.
Y cuando su espada quebró,
Los ojos abrió.

Su alma lloró,
Y su corazón se rompió.
La lucha y el deseo
Habían sido en vano.

Aquella dulce dama,
De cabello oscuro,
Era tan inalcanzable
Como las estrellas en las noches de invierno.

Lentamente, su pensar volvía a la calma.
En el bosque penetró
Y al los viejos árboles,
Su alma regaló.

Nunca mas el amor lo toco,
Pues su corazón había sido cercenado.
Junto con todo lo que se había quitado,
También se fue su esperanza,
Y día tras día, también su vida.

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