lunes, 8 de diciembre de 2008

poema veintinueve

Se avecina el ocaso de mis días.
Me volví lento, de paso solemne.
Me encerré en la celda de la soledad,
Buscando protección contra el mundo.
Me volví terco y triste,
Odioso y amargo, como el mas antipático de los viejos ermitaños.

Los días pasan y mi alma envejece.
Soy joven, pero estoy harto de la monótona existencia.
El tiempo pasa y los minutos se tornan horas,
Las horas en días, días en meses, meses en años.

Mi soledad y amargura me quitan la vida.
Poco a poco, olvido la sensación de la brisa en mi cara,
El cantar de los arboles mecidos por el viento.
La sensación del pasto bajo de mí,
El sabor del agua.
Cada momento que pasa
Me acerco mas y mas a la muerte.

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