Los viejos pesares volvieron,
Como el péndulo de un reloj astillado.
La luz es sombra,
La felicidad es recuerdo.
La primavera, la plenitud,
Todo volvió a sumirse en un manto de lágrimas,
Todo volvió a morir.
La sangre se seca.
El alma se torna negra.
Mi corazón, en su plenitud,
De resquebrajada piedra volvió a ser.
La fría Muerte ya no parece la misma.
Antes hermosa y suave,
Hoy oscura y tétrica,
Cual restos calcinados
En una pútrida mortaja negra.
Ya no hay luz al final del camino,
Pues se extinguió hace tiempo.
Vuelvo ha ser una sombra,
Una sombra de hielo y oscuridad.
El tiempo pasa,
Lento y monótono.
Las horas se arrastran grises a mi lado.
La Vida me desprecia,
La Muerte me aterra.
Solo me queda
El sufrimiento de este inmundo Purgatorio
sábado, 19 de julio de 2008
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