martes, 11 de febrero de 2014

Rutinaria inhibición de los sentidos



(Creo que esta es la ultima publicacion de este blog, o al menos eso creeria. Fue un placer poder leer los comentarios de aquellos que parece vieron un minimo encanto en mis textos, a pesar de ser solo una ilucion. Muchas gracias)

Algunas veces, y bastante pocas en realidad, nos sentamos un minuto y escuchamos. En primer lugar, quedamos un tanto aturdidos por el rugido venenoso de los automóviles, y con dificultad percibimos el murmullo de los ocasionales peatones que pasan raudamente por la vereda sin pensar en más que en sus propios asuntos. Tal vez, si tenemos suerte, podremos sentir el ulular penoso de una brisa de mediodía, cargada con efluvios y hedores, y que se lleva pesadamente el hilo de nuestro bien merecido cigarrillo. Pero si en realidad prestamos atención, sentiremos un canto suave y dulce, y por que no triste.
Es el viento el encargado de esta eterna sinfonía de árboles y hojas; una melodía hace mucho olvidada. Esta nunca se repite, y cada árbol es el propietario y ejecutor indiscutido de su propia y particular nota, que es el reflejo de su alma.
Y cuando terminamos con ese misero cigarrillo, luego de un ínfimo momento de reflección y contemplación, llega la gran incógnita: ¿Por qué no le escuchamos antes?
Es que el hombre hoy en día ha sufrido una mutación, una corrupción que lo sume en la total ceguera y sordera. Es la solitaria rutina la que mutilo nuestros sentidos. Y en el caso de tener alguna duda, podríamos considerar el caso de aquellos entes ensimismados que oímos murmurar en las calles.
Solo se camina, solo se actúa, pero nunca se piensa. Las ciudades, el tiempo, la responsabilidad, todo nos obliga a dejar de pensar, de apreciar, de contemplar. No podemos ver más allá de las cosas, porque ya no nos sirve. ¿De que puede servir el maravillarse por el simple aleteo de una mosca o el ya mencionado canto de los árboles? Eso no es productivo, no nos da dinero, seria únicamente una “perdida de tiempo”.
Pero al final estamos vacíos, sin nada. Esclavos del tiempo y la responsabilidad, traicionando a la verdadera esencia que hace tiempo perdimos. Cuando antaño nuestros templos eran bosques, hoy son bancos y oficinas abarrotadas de papeles, números y autómatas.
Lamentablemente, no se puede escapar de las garras de la rutinaria inhibición de los sentidos, porque hasta los que la reconocemos como tal ya estamos atrapados. Hasta el cuello con el barro y las mentiras. Pero no tenemos la culpa, después de todo ¿no somos solo los herederos forzados de esta tradición?
¿Acaso algún día volveremos a maravillarnos? No lo creo, no si seguimos por la misma senda de decadencia y conformidad. Es terrible, pero es nuestro destino: un vacío creciente hasta sumirnos en las sombras taciturnas de la muerte.
El cigarrillo se terminó y debo encender otro, pero no por placer, sino por castigo. El canto de los árboles se desvanece en el olvido…

3 comentarios:

Frances Lawless dijo...

No. Debe de proseguir (eso ruego) con una Sombra detrás de la puerta III.
Ya antes ha dado despedidas; No me puedo permitir el lujo de que desvanezca frente a mi mirar, es cruel y brutal. Es... es la única esperanza que me confirma un 'existir'.
Le ruego, no abandone esto y sea presa del común silencio social. Por favor, lo imploro.

Jardel Melyan dijo...

Todo llega a un final, por lamentable que paresca. Y miesntras escribia a segunda sombra, me di cuenta que ya no quedaba mucho mas por escribir (al menos por un tiempo). Las sombras se terminaron desde el momento en que la segunda nunca se termino de publicar en el blog.
Pero como todo, nada es totalmente definitivo. Es posible que vuelva, dentro de una semana o un año, y solo los dioses saben con que material nuevo o recuperado.

Frances Lawless dijo...

Ojalá y sea pronto, y no un simple adiós definitivo.