jueves, 23 de abril de 2009

Para mi amada...

Suave su cabello,
negro como las alas de un cuervo.
Apasibles sus ojos,
profundos y oscuros como el Abismo.

Dulce es su voz,
que canta al compás de la briza matutina.
Blanca es su piel
y orgullosa su alma.

Se muestra fría,
como una noche invernal,
pero cálido es su corazón:
un refugio contra la ventisca del mundo.

Es una delicada rosa
creciendo en un campo de batalla.
Deceo ampararla,
deceo protegerla,
mas llanuras y montañas nos separan.

Ella es princesa de un mundo en decadencia;
yo soy príncipe de un mundo de sombras.
La luz de nuestro amor
pondría fin a nuestras penurias.

La espera se vuelve larga
y de ella espero noticias.
Los caminos son peligrosos
y los mensajeros pueden perderse.

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